divendres, 2 d’octubre del 2015

Marcha Estatal Contra las Violencias Machistas


El próximo 7 de Noviembre se celebrará la Marcha Estatal contra las Violencias Machistas, en la que mujeres y colectivos feministas de todo el territorio español marcharán a Madrid para exigir que la lucha contra las violencias machistas sea una Cuestión de Estado. ¡Únete a la marcha!
Más información en: http://marcha7nmadrid.org/
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dijous, 1 d’octubre del 2015

Abogados de violencia de género piden que la asistencia letrada a las víctimas sea previa a la denuncia



Fuente: Abogacia.es


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Más de 150 abogados especializados en violencia de género participan en el III Encuentro de Abogados y Abogadas de Violencia de Género, organizado por el Consejo General de la Abogacía y el Colegio de Abogados de Gijón, y que se celebra en esta ciudad asturiana el 24 y 25 de septiembre.
Los letrados volvieron a reivindicar la preceptiva presencia del abogado para asesorar a la víctima antes de que formule la denuncia.
Tanto Ángeles Carmona –presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género del CGPJ -, como Francisco Javier Lara –presidente de la Comisión de Asistencia Jurídica Gratuita del Consejo General de la Abogacía- y Filomena Peláez –presidenta de la Subcomisión de Violencia sobre la Mujer del Consejo General de la Abogacía- coincidieron en reclamar la presencia preceptiva de un abogado que atienda a la víctima de violencia de género antes de que ésta interponga la denuncia. Ésta siempre ha sido una reivindicación de la Subcomisión de Violencia sobre la Mujer, que reclama que la víctima debe tener asesoramiento desde el primer momento. “Lo que más preocupa en el Observatorio de Violencia de Género son las denuncias que se retiran, por eso es imprescindible el asesoramiento previo de abogados a las víctimas”, afirmó Ángeles Carmona

La Mentira




Cuando alguien miente, persigue siempre algo para sí mismo, o para la consecución de un propósito que por lo general se correlaciona con el ejercicio del poder. No existen mentiras piadosas, por más que algunos se empeñen, sino ocultación de la verdad.
La mentira como manipulación de la realidad, no tiene precio, por el innegable valor de su efectividad, esto es algo que todo el mundo sabe, observen sino la proliferación de insólitas falsedades a medida que se aproximan las fechas electorales, hay muestras evidente de la destreza del engaño que caen por su propio peso después de la consulta popular. En el caso de la violencia sexista el engaño ha sido, es y seguirá siendo el sostén que permite su permanencia, hasta que se consiga erradicar la mentira teatral que da crédito al maltratador.
En España como en el resto del mundo, sin olvidar la universalidad de la práctica habitual de la violencia de género, que infinidad de hombres ejercen sobre las mujeres. Una violencia, enmarcada en el círculo de la manipulación, puede hacer que el depredador utilice su desquite destructivo con sus propios hijos e hijas hasta el extremo de causar a través de un proceso manipulador de los hechos daños irreparables a los menores, en el presente que condiciona además el futuro de sus vidas.
El desquite contra la mujer, puede llegar en no pocas ocasiones, a privar de la vida a los hijos e hijas, con el único fin de consumar una macabra venganza contra la madre.
En la última década, más de cuarenta y cuatro menores de uno y otro sexo, fueron privados de la vida, el verdugo fue su padre. Veintiséis de las víctimas fueron asesinadas durante el régimen de comunicación y visitas con el agresor, y las demás perdieron la existencia junto a su madre a manos del parricida. (Rafael J.Álvarez. El Mundo 2/8/2015)
El horror de estos crímenes no tiene límites, su justificación nunca ha tenido un resquicio en el que apoyarse, la violencia sexista, sin embargo a lo largo de la historia de la humanidad, la barbarie del poder masculino la instaló, la justificó y la defendió a través de todos los medios de dominio a su alcance, incluido el legislativo, para dar entrada desde el inicio de la llamada civilización a un sistema arcaico cargado de mitos, de tópicos y estereotipos, que dieron lugar a la creación artificiosa de un mundo androcéntrico, donde la mujer y los esclavos carecían de identidad propia.
Con el trascurso del tiempo, con los avances de la ciencia y sobre todo con la lucha intermitente de las mujeres; se han conseguido cambiar las cosas, hasta cierto punto, a todas luces insuficientes capaz de revertirse en el momento más propicio, porque los moldes subsisten y siguen permaneciendo los condicionamientos de atribuciones contrapuestas en la organización social.
La igualdad y la palabra equivalencia, no pasan de ser una expectativa más.
La violencia sexista, el machismo exacerbado y cómplice subsisten y alimentan el dominio violento del hombre sobre la mujer.
El último viernes del mes de julio del año en curso, David Oubel, fue detenido en Pontevedra, bajo la acusación de haber matado a sus dos hijas de cuatro y nueve años de edad cuando las niñas pasaban unos días de las vacaciones estivales con él.
Los progenitores de las pequeñas estaban divorciados y como casi siempre la madre no había denunciado sufrir violencia de género. La noticia apunta que el parricida actuó estimulado por el propósito de venganza contra su ex mujer. En esta ocasión, como el 80% de los casos de violencia de género, las mujeres no denuncian, incluso si llega el caso, se separan utilizando el procedimiento del mutuo acuerdo. La razones que impulsan ese comportamiento, además del temor fundado a las represalias está el de la pérdida de identidad de la víctima a causa de la violencia padecida y el convencimiento de que no obtendrá, la justicia que el caso requiere. La víctima se sabe sola, porque lo está, casi siempre. El agresor le ha repetido machaconamente que nadie la va a creer y hasta que se comete el crimen, ese suele ser el parecer de cuantos facilitan información a los reporteros que cubren la macabra noticia, “eran una pareja normal”, “nunca dieron que hablar”, “el padre quería mucho a sus hijas”. Errores de concepto, las apariencias engañan.
Pero lo grave, lo imperdonable, lo intolerable, son los opinadores profesionales, los que mienten con descaro, los que trasmiten la realidad desde sus enraizados prejuicios, son aquellos que estando obligados a saber de qué hablan, engañan a conciencia y con sus palabras inducen a no dar crédito a una violencia, que se ha cobrado en España, desde 1968 (fecha del primer crimen de ETA) diez veces más víctimas mortales que el terrorismo etarra.
El cómico metido a político, Toni Cantó mintió en sus declaraciones (abril de 2013) sirviendo de portavoz a los maltratadores, que son los verdaderos difusores del invento de las denuncias falsas y no tuvo más remedio que pedir perdón al ponerse en evidencia las fuentes de sus falsas afirmaciones. Ciertamente, lo que reclamamos entonces, no era que pidiera perdón, hay acciones imperdonables, lo que exigíamos era la entrega de su acta de diputado.
Pero al parecer el afán de que nada cambie continua, así que el miércoles pasado nos encontramos de nuevo con la siempre reincidente falsedad, esta vez en el tuit de Joaquín Leguina, presunto sedicente socialista y autentico escritor, que se lanzaba en plancha “en España si dices que hay muchas denuncias de violencia de género que son falsas, eres un machista”. Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid, le contestó debidamente con los datos de la Fiscalía General de Violencia de Género en los que consta que es el delito con un porcentaje tan ínfimo como el 0,010%, es decir, no hay delito que cuente con menor posibilidad de falsedad.
Pero si lo que se persigue, es difundir la mentira, sobre una cuestión que le cuesta la vida a las mujeres y en no pocas ocasiones a sus hijos; si, solo se trata de desprestigiar el único recurso de las víctimas, que es el de denunciar, buscando el amparo judicial. Les advierto que quien con toda desfachatez miente sobre la veracidad del contenido en la interposición de la denuncias contra los delitos de violencia de género, no solo mienten, son también cómplices en el mantenimiento de una violencia contra la que solo cabe luchar hasta su desaparición. Las mujeres también están comprendidas en los derechos humanos.
Está claro o todavía no, señor Leguina.


dimarts, 21 de juliol del 2015

NI UNA VIOLENCIA MÁS

Nadie puede aceptar que la brutal agresión de un político a una adversaria que ejerce la política se la pueda considerar representante de la ciudadanía en una democracia

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Tengo la costumbre de almacenar los artículos de interés que por falta de tiempo no puedo leer en ese momento, para hacerlo mas tarde con sosiego y reflexión.
Y eso ocurrió hace aproximadamente dos semanas, con el magnífico artículo de uno de mis escritores favoritos, publicado en el país semanal de ese domingo. Manuel Rivas firmaba debajo de un titulo conmovedor e inquietante por su realismo “disculpen las molestias, nos están matando”. El escritor había recogido espléndidamente la escandalosa realidad que se plasma cada día sobre la atrocidad de la violencia masculina que soportan las mujeres en nuestro planeta tierra.
Violencia a manos de la pareja en casa, violencia en la calle, por autoría de propios o extraños, violencia en el trabajo y ahora violencia politica, aquella que no pocos varones políticos dirigen contra sus adversarias con la desfachatez y seguridad que les brinda el saber que vilipendiar a una mujer es gratuito, puesto que ser su oponente politica no le libra de ser mujer.
Manuel Rivas sin escabullirse lanzaba en su artículo lo siguiente “hay muchas cosas que cambiar, pero reconocer la realidad es imprescindible, la agresividad destructiva es en muy gran parte un asunto de hombres”, Rivas recoge del historiador Robert Muchembled, la convincente afirmación de que la violencia masculina no proviene de la genética del cazador macho y que las explicaciones relacionadas con las hormonas masculinas no pasan de ser un engaño establecido como convención general. Lo trascendente, lo que hace suyo el historiador y el escritor es que “lo esencial se halla en la construcción del ser humano por su cultura. El lazo primordial no se establece entre la violencia y la masculinidad, pues esta es un dato biológico”. ¿Cuál es la razón, la causa y el origen de la violencia que ejercen los hombres? “la que se establece con la virilidad”, nos contestan con prontitud y Manuel Rivas añade “Esa virilidad toxica va asociada a un poder chulo, huevón, que solo sabe dominar”.
Retomando la violencia que ejercen ciertos políticos, con cargos o sin ellos hoy toca, ocuparme de la brutal violencia verbal ejercida por Luis Valladolid Lucas, Alcalde de Villares del Saz (Cuenca), a través de una cuenta de Facebook, de un diario digital utilizado por el agresor para que nadie se perdiera su procaz acción delictiva dirigida contra la portavoz socialista de Castilla la Mancha, Cristina Maestre; después de que esta pidiera al PP, que no diera lecciones a los socialistas sobre las llamadas “puertas giratorias”.
Todas las mujeres nos sentimos agredidas cada vez que un hombre practica violencia con cualquier otra mujer. Pero además, en este caso, nadie puede aceptar que la brutal agresión de un político a una adversaria que ejerce la política se pueda considerar representante de la ciudadanía en una democracia.
Nadie, absolutamente nadie, puede preguntarse qué ocurre con la violencia de genero, cuando se ejerce la apología de esta contra las mujeres por autoría de los propios políticos.
Resulta inadmisible la pasividad del partido al que pertenece el agresor, sin aceptar a comprender que cuando un político, con cargo o sin él, se pronuncia está implicando al partido que pertenece y cuando esa fuerza política trata de desvirtuar los hechos atentatorios, calificando la violencia verbal ejercida públicamente contra su adversaria en la lid política como “comentario desafortunado”, o se atreven a desvirtuar la realidad poniendo en entredicho la identidad de la persona atacada al afirmar “supuestamente dirigidas a la portavoz del PSOE, en Castilla-La Mancha”. En semejante caso, el partido se convierte en un cómplice torpe del agresor, al tratar de restar importancia a una conducta tan incalificable, de otra manera que no sea apología de la violencia machista contra las mujeres.
Ante semejante conductas, ¿puede alguien asombrarse de que las mujeres sigan siendo asesinadas mes a mes y año tras año, con el aliento de quien estando llamados a evitarlo lo propician políticamente?
Ante tal conducta solo cabe la inmediata expulsión del partido, de quien desde luego no nos representa.
Madrid, 20 Julio de 2015
Ana Mª Pérez del Campo Noriega es presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas y vocal del Observatorio Estatal contra la Violencia de Género

dimecres, 1 de juliol del 2015

Prisión para el marido de la mujer muerta encontrada en el puerto de Barcelona

Julio 1, 2015 Fuente: El País El juzgado contra la violencia de género Barcelona decretó ayer domingo el ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza para el vecino de Granollers acusado de matar a su esposa y lanzar su cuerpo al mar en el interior de un coche hundido en el puerto de Barcelona. La Guardia Civil había detenido al hombre, de 50 años, la noche del pasado viernes. Los hechos ocurrieron sobre las 7.00 del viernes, cuando varios trabajadores alertaron de que habia caído un vehículo en el muelle Contradique Este del Puerto de Barcelona. Los agentes se pusieron en contacto con los Bomberos para sacar el vehículo del mar. Además, un equipo del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil se dirigió a la zona para intentar descubrir si había víctimas dentro del turismo. Inicialmente, debido a las aguas turbias de la zona y por la acumulación de barro en el coche, descartaron la presencia de cuerpos. Tras sacar el vehículo a la superficie, con la ayuda de una grúa, encontraron el cadáver de una mujer. Los agentes iniciaron entonces una investigación que llevó a identificar a la fallecida, una mujer de 41 años. Tras revisar las cámaras del puerto y detectar que el marido de la víctima caía en diversas contradicciones procedieron a detenerle la tarde del mismo viernes. El acusado no tenía antecedentes por maltratos y el magistrado que está instruyendo el caso derivará el asunto a los juzgados de Granollers de donde la víctima también era vecina.

dijous, 4 de juny del 2015

Miguel Lorente: “La realidad no son las denuncias falsas sino las que no se hacen, la violencia de género verdadera que queda invisible

Cuando Miguel Lorente (Serón, 1967) comenzó a trabajar como forense y a tratar con mujeres que habían sido víctimas de violencia de género y llegaban a él llenas de señales de los golpes que acababan de recibir se dio cuenta de que algo no iba bien. Realizaba estudios doctorales y, un buen día, un catedrático le soltó: “Miguel, no pierdas tiempo en esas tonterías y dedícate al ADN, que tú vales mucho”. Por suerte, no le hizo caso, o no del todo. En abril de 2008, tras dos décadas de carrera académica y profesional, con distintos cargos de responsabilidad en Andalucía, se convirtió en el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, un cargo adscrito al entonces Ministerio de Igualdad creado por José Luis Rodríguez Zapatero. Lorente es una de las principales autoridades en materia de violencia de género en el país, un especialista en medicina legal con un discurso muy claro sobre las raíces culturales de este problema social y la necesidad de ir precisamente ahí: a las raíces. Cada año se producen en España, aproximadamente, unos 600.000 casos de violencia de género, de los cuales se denuncian alrededor de 125.000, entre el 20 y el 22%, y son asesinadas una media de entre 60 y 70 mujeres. Lorente matiza: “Es decir, entre 60 y 70 hombres, porque estamos hablando de conductas masculinas, asesinan a sus mujeres cada año”. Y va más allá: “Fijaos la que se organizó cuando un aficionado del Deportivo de la Coruña fue asesinado en el entorno del Vicente Calderón, o cuando hay un homicidio a un joyero, a un taxista… En España matan todos los años a 70 mujeres, 70, más 70, más 70, 70, 70… ¿y dónde está la revolución?”. “En España matan todos los años a 70 mujeres, 70, más 70, más 70, 70, 70… ¿y dónde está la revolución? ” ¿Cómo entender esta realidad? Miguel Lorente visitó Elche el pasado jueves en el marco de la campaña “Por la igualdad y contra la violencia de género”, promovida por Radio Elche, en colaboración con la Asociación de Mujeres Vecinales. Un salón de actos lleno escuchó las claves de este experto, asintiendo por momentos ante lo evidente o sonriendo ante lo que podía sonar disparatado pero que, en el disparate aparente, escondía significados mucho más profundos. “Mi marido me pega lo normal, pero hoy se ha pasado”, le han dicho algunas mujeres a Lorente. Es una frase significativa. “En ella no hay una crítica a la esencia, al hecho violento, se critica la cantidad pero no la violencia en sí. Mientras existan referentes que nos lleven a interpretar esa doble realidad, la de ejercer la violencia por un lado, y la de aceptarla pensando que hay algo que se ha hecho para merecerla, por otro, seguirá habiendo violencia de género. Es algo que está en la cultura, en la identidad masculina y la femenina, si eso no se cambia, difícilmente lo resolveremos”, vaticina. “Mi marido nunca me ha puesto la mano encima, claro que yo no le he dado motivo” Existen unos referentes culturales que, durante siglos, han construido y perpetuado en el imaginario colectivo lo que significa ser hombre y ser mujer, atribuyendo unos roles determinados a unas y a otros. Hablamos del género. La construcción social de la realidad y de identidades en función de una característica biológica: el sexo. La desigualdad, por tanto, se asienta sobre la base misma de nuestra cultura y, como señala Lorente, “es algo que está muy interiorizado”. “La desigualdad es una estructura social de convivencia, de organización social basada en la jerarquización, en la asunción de que hay determinadas referencias que conceden a unas personas más valor que a otras. Ser hombre, blanco, heterosexual, de un estatus social alto, casado, con hijos, son factores que en nuestra sociedad otorgan reconocimiento”, apunta. “Mientras existan referentes que nos lleven a interpretar esa doble realidad, la de ejercer la violencia y la de aceptarla pensando que hay algo que se ha hecho para merecerla seguirá habiendo violencia de género ” Una sociedad construida en torno a lo masculino que relega a las mujeres a un segundo plano. A este sistema social también se le conoce como patriarcado. “Lo masculino se vincula con lo universal”, sostiene Lorente. “Son los hombres los que juzgan lo que está bien y lo que está mal, la posición de las mujeres es siempre inferior, lo femenino se vincula con el cuidado, con el ámbito de lo doméstico que, además, suele estar controlado por un hombre: el padre, la pareja, un hermano mayor…”, añade. Así, según la identidad masculina patriarcal, a los hombres les corresponden los roles de protección y sustento, son los encargados de mantener a sus familias, mientras que de ellas se espera que sean madres y cuiden de su hogar. “Al final se va desarrollando una idea de posesión: esto es mío porque yo lo protejo y mantengo, por tanto me pertenece”, resalta. Mientras, en las mujeres, se interioriza el concepto de sumisión: “ yo pertenezco a este hombre que me cuida y me mantiene”. “En la identidad femenina patriarcal se interioriza el concepto de sumisión: yo pertenezco a este hombre que me cuida y me mantiene ” Para Lorente, esta construcción social explica que los hombres entiendan que tienen la función y la prerrogativa de resolver los conflictos, y la forma de hacerlo, generalmente, es utilizando su posición de ventaja, el poder. “Muchos maltratadores en el despacho forense te dicen que sí, que han pegado a su mujer, pero es que ella se empeñaba en llevarles la contraria. La simple disparidad de opinión es para ellos un ataque porque su posición se toma como referente, ellos perciben que les llevan la contraria y se justifican en el uso de la violencia. La violencia, en estos casos, refuerza el mandato cultural: una persona no encaja en lo que se espera de ella y hay una corrección para recuperar el orden”. La cultura patriarcal ha normalizado determinados comportamientos o ideas. Muchas veces, nos convertimos en transmisores de esa misma cultura de manera inconsciente. Hace un tiempo, al acabar una conferencia en un pueblo, cuenta Lorente que se le acercó una mujer y tras intercambiar unas palabras le dijo: “No se vaya a pensar usted que yo he venido a escucharle porque mi marido me pega. A mí mi marido no me ha puesto nunca una mano encima, claro que yo nunca le he dado motivo”. “Aquí se ve claramente toda la construcción social de la violencia de género, si tú, mujer, haces lo que se espera de ti yo, hombre, no tengo que utilizar el instrumento –la violencia- para corregirte o castigarte porque estás asumiendo tu rol”, subraya el forense. Roles, por otra parte, que son los mismos independientemente de la clase social, como bien se refleja en el caso del juez decano de Barcelona, un hombre que había maltratado y agredido a su esposa, notaria, y que dijo que él no la había maltratado sino que todo había sido un conflicto familiar. “Este no es solamente un problema de pobres”, espeta Lorente. El posmachismo como reacción y estrategia de confusión Cuando el sistema se tambalea y quienes ocupan las posiciones de privilegio y poder se sienten amenazados surgen resistencias y reacciones que tratan de revertir los cambios. Miguel Lorente habla de “posmachismo” o de “machismo posmachista”. Con este término se refiere a las nuevas estrategias y discursos que se están empleando en los últimos años frente a cuestiones relacionadas con la violencia de género y cuya finalidad es mantener, perpetuar los privilegios y promover cierta confusión y distancia del problema para que, en última instancia, la sociedad no se implique en su solución. “Adaptarse a los cambios para que nada cambie”, resume. Según Lorente, uno de los mensajes clave que se lanzan desde posturas posmachistas es que la violencia de género no es verdad: el discurso de las denuncias falsas. “Sistemáticamente se intenta crear confusión y, además, se hace jugando con una idea muy arraigada que es la de la perversidad de las mujeres: las mujeres son malas. Se reactualiza el mito a través de una circunstancia ficticia”. “Desde el posmachismo se emplea la estrategia de las denuncias falsas para crear confusión y, además, se hace jugando con una idea muy arraigada que es la de la perversidad de las mujeres ” Se trata de mensajes que se popularizan y expanden en las redes sociales –para muestra, el caso Toni Cantó- cuando la realidad cuenta otra historia. Según la Memoria 2014 de la Fiscalía General del Estado, los casos abiertos por posibles denuncias falsas representarían, entre los años 2009 y 2013, un 0,010% del total de denuncias. “La realidad no son las denuncias falsas sino las que no se hacen, la violencia verdadera que queda invisible”, concluye el experto. Si no se ve y, además, no sabemos mirar, va a ser muy complicado acabar con ella. Por otro lado, se da la circunstancia de que la mayoría de los homicidios que se cometen en el mundo los provocan y sufren hombres. “Los hombres matan, mucho, y matan a otros hombres fundamentalmente, pero luego cuestionan solamente la violencia que sufren por parte de las mujeres cuando lo que tendrían que hacer si de verdad quieren acabar con la violencia es cuestionar su propia identidad, que es lo que les lleva a emplear la violencia ante cualquier circunstancia”, argumenta Lorente. “Los hombres matan, mucho, y matan a otros hombres, luego cuestionan la violencia que sufren por parte de las mujeres cuando lo que tendrían que hacer es cuestionar su propia identidad, la masculinidad ” Abordar la violencia en términos globales pasa por el cuestionamiento de la masculinidad, abordar la violencia de género en todas sus manifestaciones, por tener conciencia. Así lo cree el ex delegado de Gobierno Miguel Lorente para quien el gran reto que se nos presenta continúa siendo la detección y la prevención. “No se puede poner todo el peso sobre la mujer, sobre la denuncia, nosotros también tenemos que invertir nuestra dedicación, esfuerzo y conocimiento para que no se minimice, no se justifique”, advierte. “La realidad nunca es un accidente, es el resultado de lo que hagamos o dejemos de hacer. Hoy estamos viendo cosas que dentro de unos años nos parecerán súper machistas pero tenemos que adelantarnos porque el tiempo, en términos de desigualdad y violencia de género, no transcurre en días sino en vidas. Si no hacemos nada, el tiempo nos va a generar una deuda irreparable”.